El riesgo de los productos «light»

Carmen Escalada
Diplomada en nutrición humana y dietética. Postgrado en nutrición clínica y deportiva.
Carmen Escalada

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Con el fin del verano cerca vuelve a aparecer sobre la mesa uno de los buenos propósitos más reiterados. Queremos perder esos kilos que hemos cogido durante las vacaciones y alcanzar nuestro peso ideal. Todo, a la mayor brevedad posible y comiendo lo que nos gusta.

Ante esta situación, afloran por todas partes los “milagrosos” productos light. Aquellos que en teoría nos van a permitir comer de todo lo que nos gusta sin engordar.

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Como consecuencia del riesgo para la salud y, a menudo, del engaño económico que la industria alimentaria producía en el consumidor como consecuencia del vacío legal existente, surgió hace ya unos años un Reglamento que buscaba la regulación del uso del término “light” y todos sus semejantes.

Según este Reglamento, un alimento puede etiquetarse como light cuando su contenido calórico sea mínimo un 30% inferior al de su producto de referencia. Por ejemplo, una mermelada light con respecto a la mermelada normal.

Hay que saber, ya que esto no siempre se respeta, que aunque un producto aparezca como light y en su envase aparezca la reducción calórica con respecto a la referencia, siempre deberá incluir el aporte calórico por cada 100 gramos o mililitros de ambos.

Además del término “light”, la industria alimentaria también hace a menudo uso de términos que pueden hacer que asumamos el producto como saludable o bajo en calorías sin que este lo sea realmente: “ Bajo en grasa”, “sin azúcares añadidos”, “ Rico en fibra”, “línea”, “ligero”…

Así, un producto bajo en grasa debe llevar menos de 3 gramos de las mismas por cada 100 de producto. Igualmente, uno bajo en azúcares, llevará menos de 5 gramos por cada 100 gramos totales. En ninguno de los casos, aunque pueda parecer lo contrario, el bajo aporte calórico está asegurado.Etiqueta_alimento_2

Esto supone el primer riesgo de estos productos para el consumidor. En la mayoría de los casos, al reducirles la cantidad de grasa se les aumenta la de azúcar o viceversa. De esta manera, se garantizar la palatividad pero el producto sigue sin ser ni “light” ni sano.

Además, al ver estas aseveraciones, tendemos a olvidarnos de que la cantidad en la que es consumida también es importante. Así, si ingerimos el doble de un producto «light», probablemente consumiremos más que si nos hubiéramos tomado una de su equivalente no reducido.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que si a un producto muy calórico le reducimos un 30% las calorías, sigue siendo per se un alimento hipercalórico.

Otro factor con el que hay que tener mucho cuidado es que cuando eliminamos o reducimos un determinado macronutriente (hidratos de carbono, grasas y proteínas) de un producto, también estamos reduciendo la cantidad los micronutrientes ligados a él (vitaminas y minerales). Esto es importante para toda la población, pero especialmente en grupos de más riesgo (infancia, embarazo, lactancia y vejez) ya que puede llevarnos a una deficiencia nutricional.

Otro riesgo para nuestra salud es la adicción de edulcorantes sustitutos del azúcar para evitar así las calorías de esta. Los edulcorantes son sustancias que aportan al alimento  un sabor dulce mucho más intenso que el azúcar. De esta manera, activan los mismos receptores cerebrales del placer lo cual nos incita a seguir comiendo y a necesitar mayores cantidades de dulce para sentirnos satisfechos. Nos vuelven adictos.

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Además, su consumo conlleva un aumento de la insulina y a la resistencia de las células a la misma. Esto puede derivar en diabetes y síndrome metabólico. También pueden producir acidez metabólica que desemboque en descalcificación ósea para compensar ese desequilibrio.

Por último, hay que tener en cuenta el precio. En la mayoría de los casos, estos productos “light” tienen un precio más elevado que sus similares sin reducción calórica.

En definitiva, no sólo no nos adelgazan sino que además nos estropean la salud con un elevado coste monetario. Por ello, resulta mucho más útil aligerar nuestra alimentación a base de salsas caseras a base de verduras y especias, elegir cortes magros de las carnes, utilizar productos lo más frescos posible y utilizar el sabor dulce de la fruta natural.

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