A principio de esta semana saltaban todas las alarmas. En un comunicado, la OMS avisaba a cerca del riesgo que el consumo de carne roja y carnes procesadas podría tener en el desarrollo de cáncer de colon.
En primer lugar, es fundamental que entendamos a qué nos estamos refiriendo al hablar de carne roja y de carne procesada.
En su comunicado, la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del cáncer) especifica que por carne roja se refiere a la carne muscular de mamíferos tales como ternera, cerdo, cordero, cabra o caballo.
Por su parte, la carne procesada sería aquella que se ha modificado a través de diferentes técnicas como el salazón, curado, fermentación o ahumado, con el objetivo de mejorar o bien su sabor, o bien su conservación.
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También, es necesario saber que la IARC clasifica los agentes o compuestos físicos en cinco grandes grupos atendiendo al riesgo que pueden suponer para el desarrollo de cáncer:

  • Grupo 1: Carcinógeno para el ser humano. En este grupo estarían aquellos compuestos para los cuales hay estudios suficientes como para determinar que su exposición está claramente relacionada con el desarrollo de cáncer. En él encontraríamos el benzeno o la radiación ionizante.
  • Grupo 2A: Probable carcinógeno para el ser humano. En este grupo se encuentran aquellas sustancias para las que hay pruebas limitadas en humanos que demuestren su riesgo carcinogénico. En este grupo encontramos, por ejemplo, los gases de escape de los motores diesel.
  • Grupo 2B: Posible carcinógeno para el ser humano. Aquí encontramos aquellos agentes para los que hay pruebas limitadas en humanos e insuficientes en animales para demostrar su riesgo. Algunos ejemplos de este grupo son la lana de vidrio o los gases de escape de los motores gasolina.
  • Grupo 3: No puede ser clasificado respecto a su carcinogenicidad para el ser humano. Aquí encontraríamos aquellos compuestos o mezclas para los cuales hay pruebas inadecuadas en humanos e inadecuadas o limitadas en animales que demuestren su riesgo. Aquí se encuentran la cafeína o la iluminación fluorescente.
  • Grupo 4: Probable no carcinógeno para el ser humano. En este grupo se encuentran aquellos para los que existen pruebas que sugieren la ausencia de carcinogenicidad. Aquí se encuentra la caprolactama.

Veintidós expertos de diez países diferentes, han realizado un estudio según el cual, la carne roja se clasificaría dentro del grupo 2A. Fundamentalmente, se ha analizado su relación con el cáncer colorrectal, pero también con el pancreático y el prostático.
Yendo un paso más allá, la carne procesada fue clasificada dentro del grupo 1 por su relación con el cáncer colorrectal.
Según este estudio el consumo diario de cada 50 gramos de carne procesada incrementa en un 18% el riesgo de padecer cáncer colorrectal. Es decir, comer carne roja y procesada aún supone un riesgo bajo para los humanos de desarrollar cáncer, pero este riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida.
Sin embargo, no podemos olvidar que este alimento también tiene un valor nutricional nada despreciable. Por ello, se insta a los gobiernos de los diferentes países y agencias internacionales, a elaborar recomendaciones que, basándose en el equilibrio de los aspectos positivos y negativos,  logren el mayor beneficio para la salud de los ciudadanos.
Ante esta alarma, el sector europeo de la carne a través de la Federación Europea de Industrias de la Carne (Clitravi) ha reaccionado emitiendo un comunicado en el que expresa su desacuerdo con la atribución del desarrollo de cáncer a un único factor, cuando es algo mucho más complejo.
Además, ha vuelto a hacer incidencia en las propiedades nutricionales de estos alimentos cuyo consumo está en entredicho ahora mismo: aporte de aminoácidos esenciales, vitaminas del grupo B y minerales como el hierro.
Finalmente, no ha dejado de recordar que el consumo real de carne y productos cárnicos en la Unión Europea es de unos 24 gramos promedio, muy por debajo de lo que marcan como riesgo.
El debate está servido.
 
 
 

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