Hasta hace poco, los hongos comestibles silvestres eran un recurso natural poco estudiado. Sin embargo, gracias a sus propiedades terapéuticas y nutricionales cada vez están ganando más importancia.
Mundialmente, existen entre 1.500.000 y 2.500.000 especies de hongos (entre comestibles y no comestibles). Son recolectados en temporada de lluvias y se identifican por su forma, color o consistencia, así como por su localización.
Los más conocidos son el champiñón y la seta, variedades que se pueden encontrar en casi todas las superficies alimentarias. Pueden ser utilizadas como ingrediente principal en diferentes platos, así como condimento o salsa. Su contenido en agua y carbohidratos es alto (90 y 60% respectivamente) y su contenido en lípidos y proteínas es relativamente bajo comparado con carnes animales pero contienen altos niveles de oligoelementos y minerales como el hierro, potasio (interviene en la mejora de la retención de líquidos), selenio (antioxidante involucrado en la prevención de la degeneración de las células) y fósforo (interviene en la formación de dientes y huesos), así como vitaminas B (como riboflavina o B2, niacina o B3) y C.
Estos alimentos también producen compuestos fenólicos, pigmentos carotenoides y ergosterol, compuestos relacionados con la reducción de enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Todo ello hace pensar en estas variedades comestibles como un alimento saludable y equilibrado que encontramos tanto en los hogares como en restaurantes gourmet, cuyas recetas podemos incorporar en estas próximas festividades sin que pasen desapercibidos.

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