Me aventuro a tratar este tema, novedoso e ilusionante, a la vez que algo controvertido, ya que desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad llevamos años trabajando con la leptina y sus efectos en el metabolismo.
En nuestra experiencia hemos observado los cambios que experimenta la leptina en los procesos de pérdida de peso y masa grasa. Su afectación en los pacientes obesos a los niveles de apetito y ansiedad, como se genera resistencia cuando los niveles de grasa son muy altos o como somos capaces de controlar los niveles a la vez que bajamos el peso, con o sin intervenciones de cirugía bariátrica.
Por todo ello, nos resulta muy gratificante, ver como se comienza estudiar la leptina en una enfermedad tan importante como es la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
Aunque probablemente a lo largo de la semana habréis leído la noticia en diferentes medios escritos, haré un pequeño resumen de lo más importante.
La investigadora toledana Carmen María Fernández-Martos del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, lidera un proyecto de investigación junto con otras instituciones y universidades extranjeras para estudiar la relación de la obesidad con el riesgo de padecer ELA, con el objetivo de encontrar nuevas terapias. Los puntos más importantes del estudio son los siguientes:

  • Relación de la obesidad con el riesgo de padecer ELA. Las personas obesas tienen menor riesgo de desarrollar la enfermedad. Como afirma la Dra. Carmen “la obesidad afecta a la leptina, una hormona con un papel clave en la regulación del apetito y la inflamación, y se asocia a un menor riesgo de padecer la patología, confiriendo una ventaja de supervivencia en los pacientes por su impacto directo sobre el metabolismo”.
  • Investigación en modelos animales para trasladar los resultados a humanos.
  • Estudio de las causas del metabolismo acelerado de los enfermos de ELA. Influencia de este metabolismo acelerado sobre las neuronas motoras. “Las neuronas motoras, por estas alteraciones metabólicas, dejan de enervar el músculo y dejan de funcionar porque neurodegeneran”, explica la Dra. Fernández- Martos.
  • Se ha visto que los pacientes de ELA con niveles de masa corporal más elevados tienen una evolución clínica más lenta y menos severa de la enfermedad.
  • Utilizar la leptina como biomarcador para el diagnóstico y progresión de la enfermedad.
  • Aplicar una intervención nutricional que regule biológicamente la leptina.
  • Aplicar todo este conocimiento al desarrollo de nuevos fármacos que actúen sobre la leptina y sobre su acción en el sistema nervioso central.
  • Extrapolar los resultados a otras enfermedades neurodegenerativas.